Juan y Mara son asistentes de ventas en la misma empresa. El desempeño de ambos ha decaído en los últimos meses, no cumpliendo así con los resultados esperados. La empresa debe hacer una reducción de personal y decide despedirlos a ambos.
Juan dice que es todo culpa de la crisis económica y que justo tuvo la mala suerte de que le tocó a él. “Seguro fue por la antiguedad, que se le va a hacer, no depende de mí.”
Mara es consciente de su mal desempeño y de sus errores. Por eso la despidieron. “Ya sé en que me equivoqué, pondré todo de mí para no cometer el mismo error en mi próximo trabajo.”
¿Cuál es la diferencia entre la actitud de Juan y la de Mara? El primero es víctima de las circunstancias, del destino, del azar o como prefieras llamarle. La segunda es la única responsable de su vida.
Aquí hago un paréntesis para invitarte a que te preguntes cual de los dos estás siendo hoy.
Evadir la responsabilidad es la salida fácil. Pero, por más tentador que sea echarle la culpa al Alea, tu vida va a seguir siendo la misma de siempre. Si querés que así sea, ¡enhorabuena! Pero si algo “te hace ruido”, es señal de que llegó el momento de hacer las cosas diferente a como las venías haciendo. Transformación, le llamo yo. Evasión es uno de sus antagonistas. Inmovilización es su archienemigo.
Ser autorresponsable es también una manifestación del amor propio. Es como ser a la vez autor, guionista y protagonista de la historia de tu vida.
Si sos responsable de tu vida, también sos responsable de transformarla. ¿Estás preparad@ para crear la vida que anhelas?
A continuación, algunos beneficios de ser autorresponsable:
Autonomía y proactividad.
Aumenta la confianza en ti mism@.
Autoestima y sentido de realización.
Apertura y flexibilidad.
Aprendiz en vez de víctima.
Permite que te hagas cargo de ti y de lo que te sucede para poder transformarlo.