Un tema que ha resurgido en esta nueva normalidad es el tema del positivismo extremo, también conocido como “positivismo tóxico”.
¿Qué es lo que lo hace peligroso a este positivismo extremo? Que promueve la negación de tus emociones, y por ende, la negación de tu esencia, tu auténtico ser.
Los seres humanos somos seres emocionales, neutralizar o eliminar emociones no es posible, no es real. Pretender desconocer esas emociones no es saludable. Tener una actitud positiva ante la vida, ser optimista, es saludable. Lo que no es saludable es llevar a ese optimismo al punto de desconectarte de ti mism@, al punto de evadir la responsabilidad sobre ti mism@ y tus acciones.
Por otro lado, la inteligencia emocional es la capacidad de percibir, expresar, comprender y gestionar tus emociones. La inteligencia emocional es la invitación a hacerte cargo de ti y de lo que te pasa. ¿Qué te pasa con lo que te pasa? ¡Animate a vivirlo!
Inteligencia emocional implica el autoconocimiento como parte fundamental de tu desarrollo. Ser emocionalmente inteligente es permitirte sentir todas las emociones. No hay emociones positivas, no hay emociones negativas, simplemente hay emociones. Las emociones van y vienen. Y cada una viene a darnos un mensaje. Esa es su razón de ser. ¿Realmente escuchas tus emociones?. ¿Sabes cómo operan en ti?.
El positivismo extremo con sus slogans de “todo está siempre bien”, “nada malo pasa en mi mundo”, “sentirse mal no es una opción”, etc; es la negación y desvalorización de tus emociones. Es la negación a la vida misma. Ese positivismo tóxico es un atentado a tu autoestima y a tu autocuidado. Permitirte ser y sentir en todo su esplendor es cuidar de ti mism@, es la máxima expresión del amor propio.
Te invito a explorar tu mundo emocional, a conectarte con tu sentir. Te invito a, libremente, SER.