Sí, así como lo lees. Llegué hasta acá no sólo porque es donde quiero estar, sino también porque soy buena en lo que hago. Muy buena.
Y cuando escuchamos, o leemos, a una persona decir eso, el reconocerse y declararse buen@ en lo que hace, empieza el inútil desfile de juicios.
“Que creid@”, “que soberbi@”, “cero humildad”; en fin, creo que ya captaste a que tipo de juicios me refiero. Estoy segura que tuviste o tenés esos juicios. Estoy convencida de que también fuiste blanco de esos juicios.
Esos juicios no surgieron de la nada, tienen que ver con nuestro contexto, con nuestra crianza, incluso con la idiosincrasia de la sociedad moderna. Son parte de lo que yo llamo “discursos históricos”.
La humildad es un gran valor. Pero tomar estas declaraciones como ejemplo de falta de humildad es confundir el concepto de humildad con algo que no es tal cosa. Reconocerte tus dones y talentos no es soberbia ni falta de humildad. Es una de las tantas manifestaciones del amor propio. Es autoestima. Es autoconocimiento. Es valorarte.
Ya que nos parece bien que otros nos digan que somos buenos en lo que hacemos; por qué no normalizamos reconocerlo y declararlo nosotros mismos?
Hoy te invito a desafiar esos juicios. Te invito a que te reconozcas, te celebres y te valores. Te invito a que te hagas la pregunta “en qué soy buen@?”, y que me cuentes tus reflexiones.