Llegó febrero, el tan amado/odiado mes del amor. Hoy quiero hablarte del amor más importante de todos. El que posibilita todas las formas de amar. La llave maestra que abre todas las puertas: el amor propio.
Cuando logramos conectar con nuestro valor, con el sentirnos merecedores, con nuestra dignidad…ese es el amor que nos transforma. Ese es el punto de partida que nos abre un mundo de nuevas posibilidades y de nuevas realidades. El amor propio no es un producto acabado, es un continuo proceso. Al igual que la vida misma, es fluctuante, con sus subidas y bajadas.
El amor también va de la mano de la aceptación. No siempre va a ser todo color de rosa. No siempre vas a “vibrar en la frecuencia del amor”. Y no estás obligad@ a que así sea. Somos seres emocionales. Luces y sombras. Somos. Menos imposición y más aceptación.
En un mundo donde el amor propio es presentado como un mandato social, un deber moral, un dogma perfecto; te invito a verlo desde otro punto de vista. Te invito a verlo como una elección, una decisión de cada día. Que empieces por observarlo , explorarlo, transitarlo y ver hacia donde te lleva. Sin exigirle que esté siempre a tu disposición, aceptándolo cuando lo sentís y cuando no.